En los EEUU hay más de 800 mil médicos y de dos millones de enfermeras y varios millones de otros trabajadores de la salud. Hasta hace muy poco ninguno sabía realmente donde cualquiera de ellos se encontraba y que hacía. Las paredes de los hospitales envolvían una actividad frenética, pero el público solamente se enteraba cuando ocurría un éxito o alguna complicación trágica.




Esos dias están prácticamente pasados. Desde lo que se ha llamado una tormenta de protestas y reclamos de pacientes disgustados, legisladores y profesionales médicos, el movimiento por la calidad en la atención de la salud había nacido.Gracias a esos esfuerzos por la calidad, aquellas paredes de los hospitales se van transformando y se tornan transparentes. Asi se revela un mundo de rutinas descuidadas, mucha obsolescencia y mucha conducta estúpida que no había sido examinada antes con detalle, como corresponde. Los reformadores están fuera de ese encadenamiento de rutinas, reentrenan a los trabajadores y cuidan que estén permanentemente a la vista, como en un hormiguero detrás de un cristal, asi se aseguran de que las cosas no se salgan nuevamente de control.

Su trabajo temprano era invisible al público pero incluso eso está cambiando. Tome por ejemplo la última herramienta para la transparencia: un Miércoles, en el pasado Mayo 2008, los lectores de los periódicos a través del país (USA), pudieron comparar como los hospitales locales habían rankeado en dos medidas de control de la calidad. No a través de un artículo editorial, fue por medio de una gran publicidad esponsoreada por el gobierno, con gráficas y una dirección de Internet (www.hospitalcompare.hhs.gov ) para ampliar los detalles.

Esta fue la primera vez que tales datos se hicieron públicos. Rápidamente, tanto hospitales como practicantes individuales estarán publicando sus propios reportes y es porque las aseguradoras pagarán mejor a los mejor calificados y penalizarán a los de mal rendimiento en la calidad del servicio.

Incentivos para minimizar errores, complicaciones e ineficiencias serán tomados en cuenta como instrumentos. La atención de la salud será más segura, eficiente y todo tenderá a la perfección.

De cómo fue que este mesiánico movimiento creció y se enraizó y quienes son sus profetas, es lo que Charles Kenney con motivación trata de responder en lo que se ve es el primer movimiento a gran escala para el control de la calidad. Él es un reportero del Boston Globe y editor que también se desempeña como consultor de una compañía de seguros de salud de Massachusetts. Se asignó a si mismo una tarea enorme, tangibilizada en un libro que ha publicado.

Mientras el libro no es un éxito como otros, se ve como un informe anual de una corporación, provee de un cuadro actualizado, razonablemente completo, prueba de su ambición y de la complejidad de la empresa acometida.

Un problema es que trata de capturar un blanco en movimiento, con raices imbricadas en un caos que se pretende erradicar. La atención de la salud de mala calidad toma una variedad de formas, cada una atrae a un conjunto diferente de cruzados.

Algunos errores pasan por equivocaciones a gran escala en la dosificación de medicamentos y operaciones quirúrgicas, por ejemplo en la pierna equivocada. Otros errores están identificados como complicaciones, por caso las infecciones de catéteres, que una vez fueron asumidos como inevitables riesgos de las hospitalizaciones y ahora son enteramente prevenibles.

Hay otros errores que se han ubicado en pequeñas ineficiencias, detalles menores que tienen consecuencias costosas, como registros médicos que no aparecen cuando más se los necesita y resultados de laboratorio que se desvanecen en agujeros negros.

Algo ahora lleva a reorganizar las jerarquías profesionales en los hospitales y de tal modo a todos los trabajadores de la atención de la salud, incluso los miembros de la familia del paciente tienen su impacto en la atención del mismo.

Hay quienes se han focalizado en conseguir que la gente enferma sea atendida correctamente, por ejemplo para la evaluación del nivel en sangre de la glucosa en los diabéticos, controles regulares de Papanicolao en las mujeres y episodios gripales en cualquiera que los padezca.

El gobierno y la industria han recurrido a fuentes de inspiración para estas metas. Expertos de la NASA y de empresas como Toyota han supervisado y entrenado a asesores de calidad de atención de la salud, en lo más básico, como en prevenir errores más que penalizarlos y respetar el derecho de cualquier trabajador de la salud de interrumpir su tarea si ve que está ocurriendo un error.

Mister Kenney está protegido de las críticas de algunos profesionales que anónimamente aseguran que los pacientes no son automóviles y evitan los controles de calidad escudándose en esos argumentos.

Estas son las frutas duras de pelar, asegura el reportero, nunca le dan mérito a un nuevo algoritmo. En si, es difícil imaginar que cualquier persona pudiera fallar en las evaluaciones tal cual son presentadas, hay mucho de evidencia que se prueba por su propio peso.

De todos modos, los lectores del informe (en el libro) deben saber que hay un amplio rango de cuestionamientos que oponen miembros prominentes de la atención de la salud y que hacen algo dificultosa la evangelización de la calidad en la atención.

Por ejemplo, es dificil definir que significa atención de calidad en los casos terminales, donde ya no queda esperanza de vida. Cuando la salida luego de la atención no será positiva, es dificil redefinir lo que es buena calidad de atención.

Además, suponga el caso del paciente que sabotea su propio tratamiento, como lo hacen muchos de un modo no evidente. Es dificil luego asignar culpas.

Aparte, no se ve fácil definir calidad de atención de la salud cuando imprudentemente se asignan las marcas de evaluación de las pruebas.

En la pasada Primavera (en el Hemisferio norte 2008) dos pruebas de gran tamaño sugirieron que las mediciones frecuentes de la glucemia nada tenían de valor para impedir algunas complicaciones temidas en la Diabetes y hasta podían influir en modo perjudicial.

Calidad es una meta clara en productos tangibles, pero en salud aún es una complicación relacionada con la intangibilidad.

De todos modos hay que darle crédito a estos luchadores, ellos están ciertamente peleando la lucha correcta y muchos merecen todo adjetivo laudatorio en la sinonimia usada por Mr. Kenney. Afortunadamente la mayoría de quienes trabajan para la salud se dan cuenta que los seres humanos no son coches.

El libro citado en este artículo es The Best Practice How the New Quality Movement Is Transforming Medicine, por Charles Kenney - PublicAffairs - 315 Páginas.




Fuente de esta información m.nytimes.com  Editado por Dr. Héctor H. Zorrilla, Buenos Aires