El Dr. Edward V. Craig asegura que como joven estudiante 30 años atrás, tuvo mucho que aprender sobre el diagnóstico de las enfermedades, los tratamientos de las mismas y de como distinguir la ciencia de la medicina del arte de curar. Nunca olvidará una conversación que tuvo con un médico que lo asistía supervisándolo cuando intentaba hacerse hábil en la elaboración de la historia clínica mientras realizaba un examen físico.
Este profesional le dijo: “Nunca lo olvide, los seres humanos son más vulnerables cuando concurren a ver a los médicos”.
Esto lleva a pensar en lo que ocurre cuando un paciente busca ayuda médica. Debe desnudarse frente a un extraño, esforzarse en darle un acercamiento al profesional sobre lo que le está pasando. Todo el tiempo con cierto temor de escuchar algo que tenga que ver con su muerte o que pueda cambiarle la vida para siempre.
Cuando el paciente está bajo anestesia, esta vulnerabilidad tiene un nivel mayor, todo el control queda en otras manos, en las de los cirujanos y de los anestesistas. Realmente no hay otra profesión en el mundo como esta.
Todo lo que escucha el médico en privado es la más seria de las verdades. Toma toda la información bajo su propio riesgo y también del de sus pacientes.
Aquellas palabras del supervisor surgieron de nuevo en su mente cuando leyó en Internet dos titulares en donde médicos aparecieron complicados con una grave violación de la confianza de pacientes.
Hace poco, un hospital en Filipinas recomendó sanciones para un grupo de cirujanos y de una enfermera que tuvieron conducta no profesional mientras removían un objeto del recto de un paciente. Filmaron esto y lo mostraron por YouTube en Internet.
El video fue visto por millones de personas, mostrando a doctores y enfermeras que se rieron y burlaron durante el acto quirúgico mientras uno decía “Afuera bebé”.
Hace unos meses, un cirujano fotografió el pene tatuado de un paciente con su teléfono celular, mientras el paciente era sometido a cirugía de la vejiga.
Estos no eran casos de médicos cometiendo errores a causa de una situación con alta presión y estrés, eran episodios de desatención y estúpidos, más bien ilegales y que en definitiva demuestran un cobarde y cruel trato de los pacientes, irrespetuoso de su privacidad.
Hace más de tres mil años Hipócrates, el padre de la medicina moderna, impuso una condición, una variación de la misma es la que tiene que asumir casi cualquier estudiante de medicina al completar sus estudios, el que establece que la privacidad del paciente es esencial para la práctica médica.
“Todo aquello que vea y escuche en el curso de un tratamiento, debo guardarlo para mi, guardando el secreto y con temor de revelarlo”.
Mientras la mayoría de los pacientes, como parte de su consentimiento, garantizan el permiso para que sus patologías sean fotografiadas como parte del reporte de la historia clínica, esas imágenes deben ser respetadas y nada pueden tener que ver con humilliación.
Lo que ocurrió en los casos escandalosos citados fueron pasos errados, desde fotografiar o filmar el cuerpo de los pacientes, hasta su distribución a otros y en estos casos por Internet.
Todos, cuando vamos a visitar al médico tenemos un derecho fundamental a la privacidad y asumimos que será tenido en cuenta. La violación de ese derecho siempre causa daño, especialmente cuando la causa un médico pasa a ser un algo aberrante.
Estos eventos seguramente no fueron premeditados y hasta es probable que no fueran pensados maliciosamente, pero resulatron crueles. Fueron actos no éticos y dignos de todo desprecio.
Cabe preguntarse cómo es que pudo haber ocurrido. El ambiente de una sala de cirugía es único, para mantener la esterilidad, las partes del cuerpo expuestas para operar en ellas, están aisladas por una serie de trapos, del resto del cuerpo. Esto es algo que puede causar temporalmente la despersonalización del paciente. En efecto para completar lo que hacer necesariamente, la despersonalización temporal bien puede ser una ventaja que permite al cirujano poner manos en el asunto para realizar su trabajo.
La presión en el ambiente de la cirugía cae sobre todos en ese ambiente y hay un alivio colectivo cuando la operación se termina.
Ese ambiente y el deseo de algunos médicos de mostrarse pueden combinarse y resultar en una conducta flagrante no pensada. Pero eso no es excusa, a lo sumo puede explicar como tal violación dolorosa de la relación médico paciente pudo haber ocurrido.
Episodios ofensivos de tal tipo, o cuando se vinculan a historias de médicos la prescripción de drogas ilegales como los esteroides, tienen el potencial de contribuir al cinismo público sobre las conductas de los doctores.
Pero los episodios de mala conducta de los médicos no se encuentran en aumento. Siempre hay personas que sin medir consecuencias caen en asuntos que causan gran daño. Estos son eventos realmente aberrantes y deberían ser penalizados con sevridad.
Pero la mayoría de los médicos respetan el valor de la confianza de sus pacientes, no la traicionan.
El Dr. Edward V. Craig es cirujano en el Hospital de Cirugía Especial en la Ciudad de Nueva York, también profesor de cirugía clínica ortopédica en la Cornell Medical School.
Editado por el Dr. Héctor H. Zorrilla, Buenos Aires, Argentina.



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